¿Cuánto puede un hombre equivocarse ?

Mientras trato de realizar trabajos de electricidad, digo trato, porque nunca he sido tan ágil en cuestiones hogareñas. Muchas veces confundiendo mis conocimientos técnicos de computación con la gravedad de la luz. Intento enchufar un ventilador, a una zapatilla de luz comprada meses atrás en el chino cerca de mi casa. Creyéndome conocedor de que la tecla que acompaña a dicha extensión de luz, corta permanentemente la corriente. La apago y con la mano desnuda y haciendo un increíble puente de descarga al piso, ya que es de noche y estoy descalzo. Recibo lo que comúnmente se llama “patada”, una descarga de 220 voltios que si bien lo me lastima, me hace lanzar deliberadamente la zapatilla por los aires, haciendo un estruendo tan bullicioso como mi ignorancia.

De repente siento que ya no tengo calor, sino bronca. La miro de reojo y comprendo que está conectada a otra fuente de luz que en este caso sería la causante de la descarga, sigo el cable por la pared, y llego a una toma de corriente mucho más grande, pero incapaz de detectar de donde toma la energía, decido desistir y tolerar, al menos por un rato el calor agobiante de los primeros días de octubre.

Luego pienso que para que tengo un ventilador si no lo puedo disfrutar cuando realmente hace falta. Así que tomo el coraje y atraído por la curiosidad, desconecto la fuente de energía que comunican a mi zapatilla con cualquier cable, y conecto nuevamente el ventilador, tomando ahora si con total confianza los cables, desconociendo que aquello posee unos instantes la energía y vuelve a patearme (aunque más levemente). Ahora en las dos manos.

Lanzó la zapatilla y furibundo, decido dejarla tirada en el piso y desconectó con furia todos los cables de la fuente y agarro el ventilador y lo enchufo en un toma que está en la pared, quizás un poco más lejos pero resulta exitoso, y siento el viento rozar mi piel.
Me recuesto en la cama y un pensamiento viene automáticamente a mi mente. Todo por no ponerme las zapatillas.

 

Ponerme las zapatillas para enchufar la zapatilla. Cuestiones del destino sin fin.

 

Lacrosse. Historias mínimas

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